Aprender a soltar, ese acto de desprendimiento que nos libera.

Aprender a soltar es un acto de desprendimiento que nos libera y permite avanzar en nuestro crecimiento personal.
¿Por qué necesitamos soltar?
Soltar es un acto de desprendimiento de todo aquello que nos limita.
Es dejar ir lo que ya no se sostiene por sí mismo para permitirnos ser más libres y auténticos y recibir así lo que tenga que llegar.
El acto de soltar, en sí mismo, no solo implica cortar esos lazos que ponen límites a nuestro crecimiento personal. Aprender a soltar significa en muchos casos tener que desprenderse y reformular nuevos planteamientos psicológicos y proyectos, tales como el rencor, el propio ego o el miedo a la soledad.
Porque toda persona que quiera recibir debe disponer su corazón para albergar la nobleza que no entiende ni de egoísmo ni de conflictos mentales.
¿A qué nos aferramos?
Aferrarnos a recuerdos, personas o experiencias es un hecho propio del ser humano.
Muchas veces nos resulta difícil desprendernos de aquello a lo que nos encontramos atados. Puede ser una relación que no nos hace bien o el recuerdo de un vínculo afectivo que nos atrapa y no nos deja continuar. Puede tratarse de rutinas, hábitos o conductas inflexibles que nos gustaría cambiar pero no podemos. Es posible que, a veces, nos veamos atados a situaciones que queremos cambiar o a personas a las que queremos dejar marchar. Sin embargo, el miedo a las consecuencias o el cambio en sí mismo nos bloquea e impide que demos el salto.
En cualquier caso, todo aquello a lo que nos aferramos nos habla de una concepción acerca de nosotros que debemos plantear.
Si aceptamos nuestro apego hacia algo o alguien podemos lograr reforzar nuestra autoestima y esto nos permitirá ser conscientes de nuestra realidad para así, ser valientes y tomar la decisión adecuada.
¿Cómo podemos hacerlo?
Aprender a soltar comienza en el mismo momento en que aceptas esa realidad y te planteas la necesidad de cambiarla.
Para ello, resulta recomendable contemplar estos aspectos:
- Plantea una situación en la que no sientas la necesidad de tener el control sobre los demás.
- Aprende a renunciar a la necesidad de tener siempre la razón. Equivocarse, asumir el error y mantener el silencio es un acto de sabiduría.
- Revisa si la situación que sostienes, aún tiene sentido. Sería recomendable plantearse algunas cuestiones como: ¿lo hago por inercia? ¿me da miedo dejarlo?
- No intentes luchar contra lo que sientes, déjalo estar, permite que fluya porque pronto pasará.
- Aprende a cuestionar lo que esperas. Es posible que tus expectativas hayan cambiado o sean algo rígidas.
- Suelta tu ego, libérate de esa tendencia a impresionar a los demás, a competir para mostrar siempre lo mejor de ti. Permite ser esa persona capaz de dar y de recibir.
Un precioso caso
Quería contarte el cuento del elefante encadenado de Jorge Bucay.

¿Conoces el bello cuento del elefante encadenado?
Erase una vez un elefante encadenado.
Vivió así toda su vida.
Creció haciéndose grande.
Se hizo fuerte.
Desarrolló toda su capacidad.
Pero aún así, permaneció atado a su cadena porque nunca se planteó nada diferente.
Nos puede suceder que nos sintamos encadenados porque, tal vez, en alguna ocasión lo intentamos y no salió o porque alguien nos dijo que no podíamos lograrlo.
No permitas que tus pensamientos, experiencias pasadas, emociones vividas TE IMPIDAN SOLTARTE.
INTÉNTALO SIEMPRE.
VIVE.
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